El tao que puede nombrarse, no es el eterno Tao…

 

¿Qué es la conciencia y por qué esta pregunta tal vez sea imposible de responder?

Todos hablamos frecuentemente de la conciencia y parece que todos sabemos a que nos referimos; sin embargo, ninguno podemos explicarla.

Por: Javier Barros Del Villar

 

 

 La conciencia es uno de esos muchos términos que parecen, en este caso quizá paradójicamente, blindados ante el procesamiento, y definición, racionales. Si bien este concepto ha protagonizado discursos místicos, teorías psicológicas, y acercamientos científicos, además de plagar la retórica cotidiana, lo cierto es que siempre, al menos en mi opinión, queda una especie de margen, como si algo nos indicará que nada de lo que podemos construir, y mucho menos comunicar, racionalmente, bastara para cubrir su sentido.

 

 La palabra conciencia proviene del latín, conscious, y se compone de con (juntos) y scio (conocer), lo cual sugiere un conocimiento compartido, o una especie de acuerdo perceptivo. Por ejemplo Hobbes, es su Leviathan, habla de que “Cuando dos o más personas conocen el mismo hecho, entonces se dice que concientes sobre esto, el uno ante el otro”. En este sentido la conciencia pareciera una especie de eco resonado que surge en al menos dos personas, y que al comprobar esta resonancia, entonces se le legitima como algo conciente.

 

Una perspectiva occidental

 En occidente, uno de los primeros pensadores en tratar de deshebrar fue  Descartes, quien a partir de su influyentedualismo definió una relación opuesta entre lo inmaterial (el rex cogans de la mente) y lo material (el res extensa del cuerpo) –y en algún punto climático de esta interacción se ubicaría la conciencia. Tras varios acercamientos posteriores, y luego del surgimiento de la mecánica cuántica, científicos acusaron la imposibilidad de la física tradicional para explicar el fenómeno conciente –en respuesta surgieron teorías alternas, entre ellas la del Cerebro Holonómico, de Karl Pribram, inspirada en la naturaleza holográfica propuesta por David Bohm.

 

En 1976, el británico Richard Dawkins, en su libro The Selfish Gene, advirtió que “la evolución de nuestra capacidad para simular parece haber culminado en la conciencia subjetiva. Y el por qué esto sucedió me parece el más profundo misterio que enfrenta la biología moderna”. Mientras que un par de décadas después, un grupo de neurocientíficos publicó, con una humildad poco popular en la ciencia, una significativa apología:

 

No tenemos idea del cómo emerge la conciencia a partir de la actividad física del cerebro, y tampoco podemos determinar si la conciencia puede emerger en sistemas no-biológicos, por ejemplo las computadoras. A estas alturas el lector esperará encontrar una minuciosa y precisa definición de la conciencia. Pero quedará decepcionado. Conciencia aún no se ha convertido en un término científico que pueda definirse cabalmente. Definiciones precisas de diversos aspectos de la conciencia emergerán más adelante… algo que en esta fase resulta prematuro. (Human Brain Function, p. 269, capítulo 16 “The Neural Correlates of Consciousness”, 2004)

 

Budismo y conciencia

En la dimensión mística, particularmente en el budismo, el concepto de conciencia ha sido aún más recurrido que en la ciencia. Y a pesar de que en ocasiones parece transmitirlo con mayor fidelidad, su traducción a un plano de entendimiento racional también resulta insuficiente. El budismo, por ejemplo, advierte que la conciencia no puede definirse como tal, sino que su esencia está diseñada para experimentarse.

Dentro de la escritura conocida como Majjhima Nikaya, que compila 152 discursos atribuidos a Buda y sus discípulos, encontramos el siguiente pasaje:

 

Dependiente de la vista y las formas, la conciencia visual emerge. El encuentro entre los tres, es el contacto. Mediante el contacto se crea el sentimiento. Lo que uno siente, entonces lo percibe. Lo que percibimos lo pensamos, y nuestros pensamientos son reproducciones mentales. Con aquello que nosotros hemos mentalmente reproducido como la fuente, la percepción y las nociones que resultan de esta reproducción mental, acosan al hombre con respecto a su pasado, futuro,  y a las formas presentes que son entendibles mediante la vista.  

Tal parece que en un contexto budista la conciencia se refiere a la sucesión de elementos psico-físicos, es un proceso que, aunque siempre replicable, florece y luego se aleja, y que incluye múltiples ingredientes, como la percepción, la sensación, el sentimiento, y el procesamiento de esta información en nuestra mente.

 

Una reflexión consciente

Lao Tzu advertía que la clave para crecer como ser humano es introducir dimensiones más elevadas de conciencia a nuestro estado de alerta perceptiva. Esto nos remite a la idea de que la conciencia es una especie de filtro a través del cual se procesa la información que recibimos mediante los sentidos –una especie de catalizador moldeable. La conciencia podría ser ese estanque en el cual sumergimos nuestra percepción en ella misma, y obtenemos información con la cual construimos una realidad, y nos insertamos en ella.

 

Por otro lado la tarea de definir la conciencia resulta en un ejercicio ourobórico, inevitablemente auto-referencial, lo cual de nuevo sugiere la imposibilidad de “narrarla” racionalmente. También podríamos asignarle la cualidad de omnipresencia, ya que en términos prácticos algo existe hasta el momento en el que logramos insertarlo en este diálogo entre el interior y el exterior. Desde esta perspectiva, entonces la conciencia es aquello que montamos dentro de ese escenario, el vacío original, que es lo único que puede existir de sin depender de que alguien lo procese, lo haga conciente.

 

En fin podríamos seguir malabareando con nociones, recursos mentales y referencias culturales, para librar con éxito esta compleja y autoimpuesta misión de definir la conciencia. Pero lo más probable es que eso simplemente prolongue el coqueteo racional con un infinito loop. En este sentido parece que la conciencia, su anatomía, está impregnada del perfume de la paradoja –parece que todos ‘sabemos’ lo que es pero que nadie puede explicarla.

 

Una constante en la racionalización intuitiva del concepto, apunta a la figura de un mediador entre nuestro interior y aquello que nos rodea, pero que al mismo tiempo actúa como interprete en un diálogo que sostenemos con nosotros mismos –como un guión ya escrito y a la vez editable en tiempo real.

Tal vez la conciencia es solo eso que nos permite darnos cuenta que la conciencia no puede definirse (pero tampoco negarse) –algo como el universo auto-percibiéndose, y celebrándolo con cada uno de nosotros.         

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

http://pijamasurf.com/2013/09/que-es-la-conciencia-y-por-que-tal-vez-sea-imposible-responder-esta-pregunta/

 

 

 

La Vida, sólo es un Lienzo Sagrado

 

 La universal importancia de Ser Humano. Unir el Cielo a la Tierra es liberar y liberarnos. Todo queda "en casa". Aquí y Allí, para los humanos de Tierra, encarnados, desencarnados y por encarnar, -como si fuera un único Propósito, completo, compacto, transcendente....-, es la unión de los dos planos en los que el conjunto de la Raza Humana ha de comenzar a convertirse en Identidad Cósmica Reconocida y con todos sus Atributos Universales que le corresponden y que porta en su multi-ADN.

Unir el Cielo a la Tierra y la Tierra al Cielo, es la cooperación necesaria de todas las almas que comenzaron el éxodo, --transcendente siempre, hacia el conocimiento partícula a partícula y vibración esencial a vibración esencial , desde el No Recuerdo (fundamental para comprender el significado de justicia y el significado de compasión) , hasta el Auto-Reconocimiento de cada una de esas partículas, -ya con consciencia- , de que es Dios y hacia el Supremo es su única Vocación.

Pero, ¿Qué es el Supremo?.
El Supremo podría ser...para la naturaleza humana que juega y juega siempre... la Consciencia que engloba, da vida y late en todo Lo Creado. Pero, con la conciencia plena, identificada en el centro exacto y más puro de nuestro Ser.

 

 No somos insignificancias:

 Somos excelsos potenciales de un Todo, que de no ser por la partícula potencial, simplemente,... no existiría...

  Somos el Pasado, el Origen y el Futuro: el Fruto. Somos el Todo condensado, preparado para expandirse en cuanto tome conciencia de Sí Mismo. No somos menos, ni tampoco somos más.

 

 Somos la potencia latente de un Todo por demostrarse a Sí Mismo.

 

 Somos el Origen y la Consecuencia. El periplo que parece infinito en que la Partícula, Siempre Sagrada, comienza su más enorme, sublime y maravilloso Éxodo hacia la Única Tierra Prometida: la Creación, lo Creado, ....El Amor.

 

 Somos lo que fuimos "algún Día", Un Día -un Instante Sagrado-, Siempre; y lo que volverá a un nuevo punto de Vacío y Silencio.

 

 Somos "aquello y esto" por demostrar de lo que siempre fuimos.
El tránsito entre la conciencia y la consciencia.

 

 El Proceso que cada criatura acomete como si nunca hubiera recordado que Todo Ya Fue, y por eso es el más excelso Juego de Creación e Ilusión al que arriba el ser cuando elige su carnalidad.. ya preparada , ya intuida, ya sentida antes del propio Origen por demostrar...

  No hay nada de lo que avergonzarse; al contrario. Hemos decidido Ser desde la sombra más desprovista de recuerdo, al Recuerdo en sí mismo que muestra siempre El Camino a "quienes" "Aquellos" creyeron que Ya habían Llegado...

  Nada está por encima , nada está por debajo.
Nadie es más evolucionado, ni existe la evolución. Nadie es menos perfecto, nadie es más perfecto.
 

 Nadie sabe más, nadie sabe menos.
Somos un mismo potencial inconmesurable y por contrastarse a través de su propia Intención.

La Vida, sólo es el Lienzo Sagrado desde donde se evidencia la excelencia del ser que fue siempre El Fruto del Origen, de la Primera Voluntad, de la Latente Consciencia Sublime, Excelsa, de Lo Que Siempre Fue, Es y Será.

Isabel De La Fuente.

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