PERSPECTIVAS DESDE DIFERENTES RELIGIONES O CREENCIAS

El Tao

 

significa “principio”, “origen”. Es la causa sin causa, principio y fin de todo lo manifestado, presente en todas las religiones y filosofías trascendentales. De ahí su equiparación a la idea de camino o ley universal, un camino circular que parte y termina en un mismo punto: el Tao. Un camino por el que transitan todos los seres hasta su reabsorción en el Tao que les dio origen.

El Tao Te King es un texto escueto pero profundo atribuido a Lao-Tsé.

Cristianismo

 

 

 Para no aburrirles demasiado sobre la perspectiva de la intuición cristiana de la que ustedes seguramente ya tienen conocimiento, dejaremos simplemente una cita de San Agustín en su Tractatus in Iohannis Evangelium II,4,.

 

"Ellos (los filósofos) pudieron ver, pero lo vieron de lejos . No quisieron aferrarse a la humildad de Cristo, es decir, a aquella nave que podía conducirlos al puerto vislumbrado. La cruz les pareció a sus ojos despreciable. Tienes que pasar el mar ¿y desprecias la nave? ¡O soberbia sabiduría! Te burlas del Cristo crucificado, y es Él al que viste de lejos: ‘En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios’. Pero ¿por qué fue crucificado? Porque te era necesario el madero de su humildad. Te habías inflado de soberbia, y habías sido echado lejos de la patria: el camino había sido interrumpido por las olas de este siglo, y no hay otra manera de cruzarlo y alcanzar la patria, sino que dejarte llevar por el madero. ¡Ingrato! Te burlas del que vino a llevarte al otro lado. Él mismo se hizo camino, camino a través del mar. Por eso quiso caminar sobre el mar, para mostrarte que el camino es a través del mar. Pero tú, que no puedes caminar sobre el mar, déjate llevar por este navío: ¡cree en el Crucificado y podrás llegar!"

                                                                                Agustin de Hipona

 

 Y a modo de reconocimiento de las diversas corrientes puramente cristianas que fueron exterminadas para establecer una imposición dogmática espiritual  que resultaría en la increíble acumulación de poder terrenal propio de la iglesia de Roma,...                 

Dos oraciónes de carácter ligeramente hereje, para pedir también por ellos.

 

Mas adelante trataremos con más detalle el Cristianismo desde un punto de vista antropomórfico, desde la evidencia historica anterior a la figura de Jesús el Cristo de los evangelios.

 Judaísmo

 

Dáat, la búsqueda del centro

 

 Adaptado de material de clases de Ben Itzjak por ruthshira@tora.org.ar

El hombre tiene, por definición, una tremenda necesidad de entender. Pero existe una contradicción entre nuestra extrema necesidad de entender y lo que pasa a nuestro alrededor: en el mundo, en la historia... En pocas palabras: ¿por qué pasa lo que pasa? ¿Verdaderamente logramos entendernos a nosotros mismos, al prójimo, etc.? Y más aun: ¿qué es lo que nosotros realmente hacemos para entender? Intentemos definir esta notable contradicción: nuestro desarrollo, por ahora llamémoslo mental o analítico, suele ser mínimo, y, por consiguiente, como nuestra capacidad de analizar la compleja realidad es mínima, nos resulta imposible llegar a definir lo que podríamos llamar como verdadero.

 

 Nuestra necesidad de entender también podría ser considerada como la imperiosa necesidad de saber qué es lo correcto, qué es lo que esencialmente deberíamos hacer, para qué estamos aquí, qué es lo que hemos venido a hacer al mundo, qué es lo que Dios quiere de nosotros.

 

 Por otro lado, estamos todo el tiempo experimentando, dejándonos guiar por la intuición, por nuestras voluntades aprendidas.


 Cuando yo puedo decir con absoluta certeza: esto es lo correcto y esto es lo que debo hacer, es porque el proceso en proceso de análisis he superado al "yo pienso", al "yo creo", al "me parece" y al "me gusta..". Digamos que he ejercido una energía mental que me ha llevado a una conclusión clara y objetiva y, en consecuencia, puedo decir esto es lo correcto y es lo que yo debo hacer sin lugar a dudas.

 

 Sufrimos mucho por nuestra incapacidad de entender y se nos va la vida en esto: porque cuando no entendemos estamos picoteando acá y allá, probando, cambiando, frustrándonos.


 Y, además, únicamente cuando el hombre está en lo correcto, en su verdad, en su lugar, en su espacio y en su tiempo, recibe ayuda de los Cielos. ¡Ahí todo funciona! En cambio, cuando se corre de un lugar a otro, cuando la brújula interna se ha extraviado, nada funciona. Vamos en contra de la corriente, chocamos contra muros espirituales, energéticos; nos vamos cayendo, nos tropezamos porque no es lo nuestro, no tenemos que estar ahí. Más cuidado: no actuamos de este modo porque somos mala gente sino porque simplemente no sabemos cómo hacerlo diferente, no hemos podido escudriñar de un modo suficiente el por qué de todo lo que pasa a nuestro alrededor.


 En el pensamiento de Torá, esta energía o esta llave para entender es llamada: Dáat (dalet, ain, tav).

 

 El Dáat es una fuerza mental que la mayoría de nosotros no utilizamos porque no hemos sido educados para utilizarla y porque ser autodidacta en este campo es casi imposible.


 El Dáat es lo único que nos puede sacar del "yo pienso que", "yo siento que", "yo creo", "me parece" en el que nosotros vivimos, de esa sopa de sentimientos, intuiciones y gustos en la que intentamos estar con nuestro cuello fuera para poder seguir sobreviviendo.


 En los textos místicos de Israel, la esencia de Moisés está asociada con el nivel del Dáat. No resulta curioso entonces que en el camino desde Egipto al Sinaí, de la esclavitud a la Torá, Moisés haya debido enfrentarse a Amalek, cuyo valor numérico es similar al de la palabra hebrea safek, duda. Moisés, el Dáat, derrota a la duda permanente que nos habita, al safek (Éxodo 17).


 Hay un texto talmúdico impresionante que está en el Tratado de Nedarím, del Talmud de Babilonia, página 41. Allí encontramos un pasaje del libro del Deuteronomio en el que se explica que, si Israel se desvía completamente del camino, de su lugar y de su esencia, recaerá sobre el pueblo la maldición definida en la Torá como: "bejoser kol" : "desprovisto de todo".

 

 Esta maldición, "desprovisto de todo", es definida en el Talmud por Rab Nájman dice como el nivel de la carencia absoluta. Se trata del nivel en el que la persona simplemente "no tiene Dáat".

O sea, aquella persona que no tiene Dáat no tiene nada.


 Abáie, otro sabio, dice también en el Talmud que la máxima pobreza se alcanza cuando el individuo carece del nivel de Dáat.

 

 El Talmud también enseña: "En occidente dijeron (para el Talmud de Babilonia, Babilonia está ubicada en Oriente, e Israel es Occidente): El que tiene el Dáat, todo lo tiene; el que no lo tiene ¿qué tiene? El que lo adquirió ¿qué le falta?. Y el que no lo adquirió ¿qué adquirió?".


 Rashi, el exegeta clásico, acerca de este texto comenta: el que tiene Dáat tiene absolutamente todo y no le falta definitivamente nada.


 Lo que los sabios del Talmud nos revelan aquí es que el Dáat es la principal energía del hombre, o sea, es lo que define el todo o la nada.


 Lo que en el Talmud nos revelan es que aquella persona que posee el nivel del Dáat es una persona rica, íntegra, completa, a pesar de que le falte todo el resto, porque el que tiene Dáat no le falta nada. Y, por el contrario, la persona que tenga todo a escala material, pero que no tenga Dáat, en realidad no tiene nada. La pobreza, cuando es la expresión de la falta del Dáat, es la pobreza esencial.

 

 Otra de las cosas que los sabios nos revelan es que el Dáat es la energía que permite adquirir, poseer. Cuando ellos dicen: "quien tiene Dáat tiene todo y quien no tiene Dáat no tiene nada", en realidad nos están enseñando que únicamente a partir de la energía del Dáat, se puede adquirir, o sea, se puede lograr que algo que no era mío pase a mi propiedad esencial.


 El Dáat es lo que me permite adquirir y comprar, y por eso resulta lógico, entonces, que una persona que no tiene Dáat, no puede comprar nada tampoco a nivel legal, o sea, un niño no puede comprar porque no tiene Dáat.

 

 ¿Qué significa "comprar y vender" y "adquirir"?
 Es cuando yo renuncio a algo a tu favor y este intercambio, ante todo, es mental; algo que era mío pasa a ser tuyo y yo entrego otra cosa, para asumir o tomar posesión sobre algo que me estás dando.


 Ahora bien, y requerimos en este caso de vuestra máxima atención: cabe preguntar: si el nivel del Dáat es lo que permite comprar y adquirir ¿cómo podemos llegar a "tener" Dáat antes de poseerlo? En pocas palabras: sino tengo Dáat, como puede adquirir y obtener mi Dáat. Esto se presenta, aparentemente, como una contradicción.

 

 La respuesta la trae el Rey Shlomó cuando dice que el Dáat proviene - según el lenguaje exacto - Mipiv (de la boca del Creador) Dáat UTevuná, es decir, el Dáat lo recibimos directamente de Dios y creo que deberíamos entenderlo así: sabemos que la Neshamá, el alma, que tenemos proviene directamente del aliento que Dios insufló en nosotros. "Aliento de vida", dice la Torá. En ese insuflar aliento de vida, en ese darnos vida, o lo que nosotros llamamos: puso en nosotros un alma, eso incluye también el Dáat, que es lo más elevado de esa Neshamá.

 

 El problema es que aunque lo tenemos, esta en nosotros en potencia, y la pregunta es si lo transformamos en una energía utilizable, en algo que día a día nos sirva para vivir.
 Por lo tanto, la llave principal no está afuera, según nos revelan los sabios. Esa llave ya habita en nosotros, es un tesoro que tenemos, y no hay ningún maestro que nos pueda transmitir el Dáat desde afuera.

 

 Es cierto, un buen maestro de Torá no puede ofrecerte Dáat, pero puede y debe guiarte hacia como llegar a ejercer el Dáat, como bucear en las profundidades de nuestra Neshamá para poder llegar a esta energía y transformarla en algo relevante.

 

 Tratemos de transparentar nuestra dinámica interior, y resumiendo para poder construir sobre la base de estos cimientos que nos pertenecen digamos que:
Nosotros estamos todo el tiempo "queriendo cosas", el ratzón (voluntad), hace que el hombre por naturaleza esté todo el tiempo queriendo y necesitando. El estar vivo, muy probablemente, pueda identificarse con el querer. Todo el tiempo que quiero algo estoy vivo. Profundicemos más todavía: ¿dónde estamos nosotros ahí? ¿Qué significa ese "yo quiero" permanente que nos habita? Esa voz ¿soy realmente "yo" o son mis voluntades aprendidas disfrazadas de mi yo esencial?
Hay que poder separar esto, desmembrarlo y abrirlo.

 

 Hay que tener mucho cuidado en esto, es un tema muy delicado, y toda nuestra vida espiritual depende de esto. Normalmente los "yo quiero..." aprendidos de la educación recibida, la televisión, la radio, etc, etc, tapan con una cantidad increíble de cáscaras mi "verdadero yo" y estoy tan identificado con mis voluntades aprendidas que finalmente no sé dónde estoy ni quién soy.


 Evidentemente, si lo figuramos en la mente, el Dáat está en el centro del yo asfixiado por una enorme cantidad de voluntades aprendidas.

 

 Todo el tiempo que el ratzón (voluntad) funciona de modo enloquecido, el Dáat no funciona.
Por supuesto, estamos todavía hablando a escala general, pero para aproximarnos al tema podemos decir que: todo el tiempo que yo quiero... (al nivel ese que hemos definido, yo quiero una manzana, yo quiero una casa, yo quiero un trabajo, y que ahí se nos va la vida...), todo el tiempo que yo estoy detrás de todo eso, el Dáat no tiene espacio.

 

 Únicamente cuando yo puedo decir: no me interesa lo que quiero sino que me interesa lo que debo, me interesa lo que es correcto para mí, y logro deshacerme por un instante de las voluntades aprendidas, entonces únicamente ahí le doy lugar al Dáat, es decir, le "paso el micrófono" para que hable y se exprese.

 

 Es mucho más "fácil" dejarse arrastrar por ese torrente de voluntades que van decidiendo por nosotros, que enfrentarse a la corriente, parar este torrente y decir: no te escucho, no me quiero guiar por vos, no me interesa lo que opinas, y quiero objetivamente determinar lo que es correcto para mí, en este tiempo y en este espacio.

 

 Nosotros sabemos y entendemos que el mundo tiene Sentido y que tenemos una Misión, y que existe una Voluntad Primaria y que estamos aquí para algo. Y es obvio que podemos decir: qué es lo que debo, porque toda persona en su interior sabe qué debe hacer y para qué vino al mundo. La sensación de estar en deuda no es necesario explicarla; el hombre es un ente que se siente en deuda, el hombre es un deudor existencial, o sea, el hombre sabe que esta aquí para cumplir una misión determinada. El hombre tiene eso que llamamos matzpún (conciencia, palabra hebrea relacionada con la "brújula") y sabe que está aquí para algo y se siente mal perdiendo su tiempo.


 Todo el tiempo que nosotros no podamos - se agrega aquí un concepto - ejercer la contemplación, lo cual significa: detenerme, contemplar la situación específica que me toca vivir, reflexionar acerca de esta situación particular (dado que es única), no tengo ninguna posibilidad de parar el torrente de voluntades. Cuando contemplo y digo: ¿y ahora qué, cómo sigo?, automáticamente las voluntades me quieren venden baratijas, pero yo puedo decir: ¡No, hoy no compro nada! ¡Hoy quiero lo más caro, lo más preciado, lo esencial!


 Obviamente, hacer esto es muy trabajoso y es mucho más fácil dejarse tentar por las baratijas, además: ¡todos compran baratijas y todos viven! Aunque, claro, deberíamos en algún momento definir qué significa vivir...

 

 Para llegar a querer hacer lo que debo, tiene que haber una actitud contemplativa, reflexiva y ese es el primer paso cuando venimos desde afuera y estamos en búsqueda del centro.

 

 

 

 

 El Corán y sus intuiciones espirituales fundamentales

 

 El Corán todo él gira en torno al tawhîd o principio de la unicidad absoluta de la existencia, que aparece condensado en la fórmula “Lâ ilâha il·lâ Al·lâh”, “No hay más divinidad que Dios”, e incluso “Lâ ilâha il·lâ Hû”, “No hay más divinidad que Él”. Ese es el núcleo de la cosmovisión islámica, del que se desprende una concepción holística de la existencia como un todo integrado.

 Sin embargo, resiguiendo los pasos dados por Muhammad, hasta donde nos lo permiten los datos que de él disponemos y lo que alcanzamos a intuir de lo que fue su experiencia espiritual, podemos afirmar que el Profeta no arranca del tawhîd, sino que llega a él, algo que aparece explicitado en los pasajes coránicos más significativos referidos a los signos, como veremos más adelante.

 

 Por consiguiente, del tawhîd no se parte, sino que al tawhîd se llega. Ello quiere decir que el tawhîd no es una ideología previa, no puede serlo, ni una creencia, ni tampoco un dogma, sino una forma de ver el mundo (y, por ende, de comprenderlo) y de estar en él. Hoy, para nosotros, el tawhîd posee un doble alcance: es, por un lado, la cristalización de la intuición espiritual fundamental a la que llega Muhammad, y, al mismo tiempo, la puerta de acceso que se nos invita a franquear, a fin de que actualicemos por nosotros mismos dicha intuición muhammadiana.

 Gramaticalmente, la palabra tawhîd no es un sustantivo, sino un masdar o nombre de acción, peculiar categoría gramatical de la lengua árabe que remite siempre a la actuación y el movimiento, lo cual implica que el tawhîd no sea una conceptualización cerrada, sino una acción abierta que jamás concluye, como el mundo que, afirma el Corán, no es estático, sino que se está creando y recreando a cada instante. Cuando Muhammad proclama el tawhîd, así pues, no está diciendo en qué cree, sino cómo ve, vive y experimenta el mundo, puesto que el tawhîd tiene que ver, justamente, con el funcionamiento de las cosas.

 A pesar del lenguaje teísta en el que está expresado el tawhîd, su sentido profundo es que nada es real, verdadero y operativo salvo lo Real (esto es, Al·lâh, Hû/Él, “El que es”, que de esas formas lo ha dicho la tradición islámica). No existe más realidad que la realidad realmente real. Todo es relativo, excepto lo absoluto. Sólo hay una Realidad, lo que significa que sólo la Realidad es y que toda realidad no es sino en virtud de su participación en la Realidad. A fin de cuentas, el tawhîd no es sino la manera islámica de decir la intuición universal de la unidad, que toda tradición religiosa y de sabiduría expresa de un modo más o menos explícito según sus propias categorías lingüísticas.

 El tawhîd no suma nada a la realidad, no se trata, pues, de una interpretación superpuesta al mundo, sino que, justamente, es la operación de radical despojamiento de todo añadido o asociado (shirk) a lo único que es. El tawhîd es desnudamiento de la mirada, hasta ver la realidad tal cual es. Dice un aforismo sapiencial o hadîz, atribuido a Muhamamd: “¡Señor, hazme ver las cosas tal como son!”.

 La revelación de Muhammad, su experiencia espiritual de lo que él llama Al·lâh, tiene que ver con la comprensión profunda del funcionamiento intrínseco de la realidad, con eso que gobierna las cosas desde su interior y las hace ser lo que son y no otra cosa. El islam de Muhammad (de hecho a lo único que podemos llamar realmente islam, pues lo que viene después no es sino un constructo sobre dicha experiencia primordial muhammadiana), no es algo aparte de la vida, sino la vida misma en su máxima plenitud. El islam de Muhammad es vivir naturalmente lo que hay.

 Y lo que hay es más que lo aparentemente observable. Eso es lo que intuye Muhammad desde un principio y esa es la rendija a través de la que se cuela y sale de sí mismo. Lo que hay es la trama de la vida. El mundo es un texto (que etimológicamente quiere decir tejido) de teofanías, o si se quiere, de signos teofánicos. Este mundo es, en consecuencia, el mundo de los signos, por cuanto no contiene nada que no sea un signo, que es otra forma de decir que en todo late vida, que nada es inerte. Y es, justamente, el conocimiento de los signos lo que permite presentir la dimensión absoluta de la realidad e intuir la unidad de todo cuanto es. Obsérvese, al respecto, que en árabe ‘âlam, mundo, ‘alâma, signo e ‘ilm, conocimiento, comparten la misma raíz gramatical. Por consiguiente, el tawhîd no es un dogma misterioso, sino algo, en principio, accesible a la comprensión humana. En definitiva, lo que el Corán preconiza es un saber de los signos y no un saber de las esencias.

 La existencia es el escenario donde se expresa y multiplica la vida en múltiples e infinitos matices. Todo es expresión de lo que el Corán denomina la rahma o fuerza creadora y misericordiosa de Al·lâh, que es la materia prima, o si se quiere, la estructura interior que constituye un universo en el que todo cuanto existe, incluido el ser humano, es signo de la vida expresándose a sí misma a través de todo.

 Llegado a este punto, el reto que plantea Muhammad es el siguiente: cómo estar en el mundo, que se resume en los dos aforismos o ahâdîz siguientes. Dice el primero: “El mundo es maldito”; y el segundo: “El mundo todo él es una mezquita”. La contradicción, obsérvese, es sólo aparente. El mundo es maldito, y fuente perpetua de sufrimiento, si te identificas con él; pero es una mezquita, esto es, un lugar de postración y constante admiración (hayra), si eres capaz de entrever que todo en él es signo de una realidad única que las formas no agotan. El mundo es maldito, tal como un infierno, para quien cree ser por sí mismo, mientras que es una mezquita para quien es consciente de que todo le pertenece a Él y que tenemos las cosas, también la vida, en depósito.

 Vivir en el recuerdo, reconocimiento y presencia de la rahma o fuerza creadora de la vida que se expresa a través de los signos, comporta un obrar amoroso y solidario en el mundo a favor de la vida, la paz y la justicia, dado que el amor y la solidaridad derivan del sentido de la unidad subyacente de toda la existencia. Amar a una criatura, solidarizarse con ella, es reconocer su vínculo con lo real y con el todo y, llegado el caso, incluso, ayudarla a no perder dicho vínculo, que está en la base de su realidad. Para Muhammad, la perfección del conocimiento se verifica con la perfección de las obras. A fin de cuentas, el tawhîd es, ya lo hemos dicho, una acción.

 


 Institut d’Estudis Sufís de Barcelona

Hinduismo

 

  El hinduismo es una religión extraordinariamente compleja y rica. Ninguna iniciativa de fundador, ningún dogma ninguna reforma han impuesto restricciones en el terreno de sus creencias o prácticas esenciales. Es el producto de una historia que puede remontarse a unos tres mil quinientos años. Y cada período de esa larga historia ha dejado un impacto en ella que perdura en creencias y prácticas actuales. Un hindú podría ser politeísta, monoteísta, panteísta e incluso ateo, aunque creyente en algún tipo de principio último. Pertenece a alguno de los grupos de castas, y socialmente observa las costumbres y leyes tal como están formuladas en sus Escrituras sagradas. El hinduismo es al mismo tiempo un estilo de vida y un sistema religioso y social muy organizado.


 Creencias Hindúes básicas Aunque el hinduismo carece de afirmaciones dogmáticas relativas a la naturaleza de Dios y del hombre, existen no obstante ciertas creencias en el hinduismo posvédico que no se discuten en absoluto y son aceptadas como evidentes. Son éstas dharma, karma, samsára, Brahmán, moksa.

 

 Los caminos Hindúes de salvación. La común creencia hindú encuentra tres causas principales para explicar la esclavitud del hombre. El renacimiento es la consecuencia necesaria de nuestra acción; nuestras acciones. proceden de y están caracterizadas por nuestros deseos, que tienen como raíz nuestro egoísmo; los hombres son juguetes de los deseos y el egoísmo, debido a su ignorancia de la verdadera realidad, y por tanto del verdadero yo.   De aquí el remedio:

1) en contra de una acción demeritoria, el remedio inmediato será hacer el bien y evitar el mal; la observancia ética y religiosa. Muy pocos sostendrán que esto por sí solo conduzca a la liberación final; pero todos lo exigen al menos en la etapa preparatoria.

2) En contra del deseo, el remedio consiste en controlar y someter las propias pasiones, tendiendo hacia una actividad desinteresada por medio de la práctica ascética y/ o purificar y trascender todos los deseos con un firme amor de Dios. El amor de Dios implicará o bien fácilmente conducirá al verdadero conocimiento por la connaturalidad del amor y la gracia de Dios.

3) Contra la ignorancia hay que adquirir el verdadero conocimiento de la realidad y, en particular, el conocimiento del verdadero yo, destruyendo así el egoísmo de raíz. Comúnmente se admite que la consecución del conocimiento intuitivo, salvador, requiere, con o sin la ayuda de la gracia, un prolongado ascetismo y una técnica de concentración mental (yoga).

 

  El hinduismo busca el camino para que el hombre imperfecto comprenda la realidad última, sea Dios o el absoluto, y para realizar la meta última de su vida.

 

  Lo que para el hindú constituye liberación (moksa) es emancipación, no del pecado, sino de los condicionamientos humanos, es decir, emancipación de la acción (karma) de todo tipo, sea buena o mala; liberación que permite una condición donde tiempo y espacio son abolidos y todo es considerado uno. Liberación para las Upanisads no dualistas significa sumergirse en Brahmán, el principio supremo, como un río se sumerge en el mar, con lo cual el hombre es liberado de las cadenas de la vida fenoménica y entra en un modo de ser que es infinito, omnipresente (porque es trascendido el tiempo); esto es precisamente hacerse brahmán. El Sámkhya-Yoga se contenta con definir la liberación como kaivalyam, aislamiento del alma individual en su eterna esencia. Pero sectas teístas bhakti consideran el camino hacia Dios como lealtad y amor entre el alma y Dios, y liberación significa unión con un Dios personal en amor y total sumisión.

 

 Como para el camino de salvación, los hindúes tradicionalmente hablan de tres senderos (margas): observancia ascética y religiosa (Karmamarga), conocimiento intuitivo de la verdadera realidad (jñana-marga) y el amor de Dios y sometimiento a él (bhakti-marga). La distinción entre estos tres senderos, aunque útil para comprender la espiritualidad hindú, nunca es adecuada, porque se interrelacionan entre sí en la práctica concreta.

 

 Ascetismo hindú. El primitivo ascetismo brahmánico se compone principalmente de. sacrificios y ritual. La palabra yoga (unir, ligar) se usaba dentro del contexto sacrificial. El oficiante del sacrificio "une" los poderes celestes a la ofrenda, o "une" mediante la concentración mental su propio pensamiento a la fórmula y acción espirituales. 

 

 El Bhagavadgitá da un significado más profundo al ascetismo hindú. Si la meta del hombre es adentrarse, más allá de toda actividad, en una paz sin la limitación del tiempo, entonces, ¿por qué habría de actuar lo más mínimo? El Gita responde que no es la actividad estrictamente hablando lo que ata, sino el apego a la actividad y sus frutos. Cuando la actividad es realizada con despego completo, deja de atarle a uno al mundo. La actividad recta además conduce automáticamente a un estado de desapego de la mente, y el desapego a su vez conduce a un estado más alto de espiritualidad en forma de liberación. El Gita dice en su último capítulo: "Renunciando al yo, la fuerza, el orgullo, la lujuria, la ira y la codicia, sin pensar nada como `mío', en paz, así se prepara el hombre para realizar su eterna esencia".

 

 El camino hindú del conocimiento (jñana). Por conocimiento se entiende no simplemente un conocimiento que se aprende de los libros o un conocimiento empírico-racional, sino la comprensión intuitiva del verdadero yo. Las doctrinas hindúes difieren entre sí al exponer este conocimiento por la diferencia de sus puntos de vista sobre la verdadera naturaleza del yo y de la categoría de su ascetismo.

La ignorancia que obliga a uno a la reencarnación puede ser:

- la no distinción entre el ser y el no ser (Sámkhya-yoga),

la ignorancia de la identidad del verdadero ser como el todo-uno (no    dualismo);

- la ignorancia de la verdadera relación del ser con Dios y la falta de    conocimiento de Dios        

 (teísmo).


La realización intuitiva del verdadero ser y su relación con el absoluto o Dios ha de alcanzarse, bien por la apercepción mística o, mucho más frecuentemente, en una experiencia mística concreta en la culminación de una ascensión ascético-mística. El conocimiento real es aquel que se identifica con la propia visión, una conciencia de identidad con Brahmán en el sentido de intuición mística. Esta conciencia no puede ser producida o adquirida con razonamientos, porque no es una acción. El camino hacia esta visión puede prepararse mediante las palabras del Veda, mediante la amorosa devoción (bhakti) a un Dios personal y mediante la meditación sobre la verdad última; al final es la visión de la identidad entre el absoluto y el yo.

 

 El camino hindú del amor de Dios. Por amor de Dios (bhakti) se entiende una específica actitud y sentimiento religiosos, cuyos rasgos esenciales son fe en la deidad, amor y confiado sometimiento a ella. Es una participación afectiva del alma en la divina naturaleza; un intensísimo amor a Dios; una adhesión del corazón, que sigue a la grandeza del Señor. El objeto de bhakti es el Señor bendito, el santo, el adorable. Es a la vez una preparación para la liberación como su realización. En cuanto meta suprema, es unión y comunión con Dios en el lazo de amor, que implica un profundo sentido de dependencia y sumisión a Dios. Ramanuja dice que el conocimiento que más radicalmente destruye el egoísmo es aquel que surge de la devota meditación en el Señor como el yo trascendente y verdadero del alma. Esta devota meditación es una continuidad del recuerdo firme, ininterrumpido como una corriente de aceite. Debido a su excepcional intensidad, adquiere el carácter de una "percepción intuitiva" y es sumamente querida para el alma por la amabilidad de su objeto. Pero este intuitivo y amoroso sentido de Dios no surge de la sola meditación. Se debe a la gracia, a una elección de Dios.

 

  La necesidad de la gracia. En las Upanisads se dice que Dios elige y favorece a aquel que ama; por su sola gracia adquiere el hombre conocimiento y es liberado. De alguna manera todo es gracia en bhakti: los medios de bhakti son sólo ayudas; bhakti es el fruto de una elección divina. Madhva y Vallabha enseñan una doctrina de predestinación: algunos son predestinados al bhakti y a la liberación; otros son predestinados a permanecer indefinidamente en ciclo de renacimiento. La gracia del Señor está curando, iluminando, conformando con la naturaleza divina y uniendo a él. Pero todo esto se realiza dentro de un sistema de creación inmanente. Aunque Dios indudablemente otorga su gracia libremente, esta ayuda no es nunca estrictamente sobrenatural, porque la gracia devuelve el alma a su natural vida divina. No eleva el alma a un nivel más alto, sobrenatural, de ser, de vida y de acción.

 

 

  El misticismo bhakti cree en y se esfuerza por la unión real

con un Dios personal a través del amor a él. Este amor de Dios incluye conocimiento de Dios. A través del amor el alma religiosa llega a conocer a Dios, qué y cuán grande es en su ser y amor. Conociendo a Dios en su esencia, el amador de Dios entra en el acto en unión con él. Este supremo estado de participación en la esencia de Dios se realiza por la gracia de Dios.

 



                                            M. Dhavamony

 

 Budismo

 

 

“La intuición y no la razón atesora la clave de las verdades fundamentales”
                                                                                     Buda


 Preconiza la eliminación de los sufrimientos a través de la renuncia a todos los deseos hasta llegar a la «suprema iluminación», el nirvana. Surgió en la India, en el siglo VI a.n.e. Actualmente se halla difundido por el Japón, China, Nepal, Birmania y otros países. Profesan la religión budista unos quinientos millones de seres humanos.

 

  El fundador de esta doctrina fue Sidarta, llamado Buda (el iluminado). Sidarta, en el período en que se destruían las relaciones propias del régimen de comunidad primitiva y se constituían los Estados clasistas, dio expresión a la protesta de las masas del pueblo contra la religión brahmánica, contra las diferencias de casta consagradas por dicha religión, contra los complicados ritos de adoración a los dioses y contra los sacrificios cruentos. Buscaba la liberación de los sufrimientos no en las transformaciones sociales ni en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, sino en el perfeccionamiento moral al que ha de llegar el hombre apartándose de la vida, sumiéndose en el nirvana.

 

 Buda negó la existencia de un dios creador, rechazó la religión de los Vedas, pero tomó de ellos la doctrina de las rencarnaciones (sansara) y de la recompensa (karma). Indicaba sólo que las nuevas encarnaciones no dependen de que se pertenezca a una u otra casta ni de los sacrificios cruentos, sino de los actos buenos y malos del individuo. Al principio (siglos III a I a.n.e.), las ideas de Buda acerca de la salvación se fundamentaban filosóficamente en la doctrina del mundo y de la persona humana vistos como corriente de elementos de materia y conciencia –djarma– que se suceden unos a otros. Según esta doctrina, el camino de la salvación consiste en aplastar la «intranquilidad del djarma.

 

 En los primeros siglos de nuestra era, la religión budista adquiere un carácter completamente distinto. La simple veneración de la memoria del maestro es sustituida por el culto a Buda divinizado. La salvación del hombre se hace depender de la gracia divina, que se puede impetrar con la repetición de los sagrados sutras. La nueva religión fue llamada mahayana, a diferencia de la escuela tradicional, que arrancaba de Buda, denominada hinayana. Cambia también el contenido filosófico del budismo. En contraposición a los filósofos hinayanistas, que consideraban reales los djarmas materiales y psíquicos, los filósofos mahayanistas procuran demostrar que los djarmas no son reales ni lo es el mundo todo.

 

 La doctrina sobre la irrealidad de los djarmas o sobre la shuniata (vacío) fue fundamentada lógicamente por Nagardzhima (siglo II). Entre todas las sutras mahayanistas, los tratados de Nagardzhima se distinguían por el rigor lógico de la demostración, y por la consecuencia de su estructura. El racionalismo de Nagardzhima sirvió de punto de partida para el desarrollo de la lógica budista, de la que fueron representantes Dignaga y Dharmakirta (siglos V-VII). La doctrina de Nagardzhima sobre la irrealidad del pensamiento conceptual y acerca del conocimiento intuitivo absoluto se convirtió en fundamento de posteriores escuelas idealistas (madjiamika, vidzhnianabada), del budismo tantrista y hasta del budismo zen.

 

 En la actualidad, los partidarios del budismo subrayan el carácter «racionalista», «ateo» de la doctrina. En el fondo, sin embargo, estos nuevos epítetos tienen por objetivo servir de propaganda a la religión budista modernizada. Los budistas, encabezados por su Hermandad Mundial, se manifiestan en pro del desarme y de la coexistencia pacífica.

 

 Budismo Zen

 

 Una de las direcciones del budismo. Surgió en China, en el siglo VI; su base estriba en la representación de una esencia única de Buda y todos los seres, en la representación del camino natural, tao, que es superior a todos los métodos teóricos.

 

 A diferencia de otras escuelas, el budismo zen pregona la «lucidez instantánea» (satori). El irracionalismo y el intuicionismo del budismo zen han despertado gran interés entre los filósofos de Europa occidental y americanos, sobre todo durante los últimos veinte años.

 

Diccionario soviético de filosofía

 

Pueblo Hopi

 

 Los hopi son una antigua nación originaria de los Estados Unidos de América, asentada en la región de las Tres Mesas, en el estado de Arizona. Se dice que eligieron ese sitio porque las Tres Mesas reflejan en la tierra el cinturón de Orión, respetado y adorado como deidad por muchísimos pueblos originarios americanos.

 

  La roca Profética     

 

 Uno de los elementos más fascinantes que rodean a este añejo pueblo americano tiene que ver con su misteriosa roca profética. Un petroglifo que ha dado lugar a múltiples interpretaciones y que haría referencia al final de una era.
En la roca se representa una figura humana sosteniendo dos líneas, una de ellas (la superior), sobre la que se posan otras cuatro figuras humanas, culmina en una escalera ascendente. La línea inferior tiene otras representaciones y otra figura humana. Según algunas interpretaciones la figura humana que sostiene las líneas sería el “Gran Señor del Tiempo” y la línea superior representaría el mundo de la razón; y la línea inferior, el de la intuición. Este gráfico estaría representando el pasaje del cuarto al quinto mundo, que traería aparejado el ingreso a una nueva era. De la misma manera que los mayas, los hopi entienden que el pasaje a este nuevo mundo, estaría precedido por señales y acontecimientos catastróficos que serían parte de la depuración necesaria para ingresar a un nuevo mundo de mayor espiritualidad.

 

 

la Gran decisión

 

   La profecía de la estrella azul es uno de los elementos centrales de las creencias hopi, y hace referencia a un gran evento que marcaría la transición de este cuarto mundo hacia el quinto mundo. Esta transición estaría caracterizada por un período de gran purificación planetaria, acompañado de un momento de grandes decisiones. La decisión, justamente, estaría dada entre la razón y la intuición.

 Algunas interpretaciones sobre la roca profética hopi, establecen que las cuatro figuras humanas expresadas en la línea superior del petroglifo, harían referencia a los cuatro arquetipos descriptos en los cuatro jinetes del Apocalipsis, que representan las cuatro expresiones del poder de los hombres: el religioso, el político, el económico, y el científico, en que el hombre actual se encuentra escindido. La línea inferior significaría la unificación de esa escisión y el camino hacia el nuevo mundo. De manera tal que la decisión sobre este cambio de era, debería ser una decisión individual. Dónde aquellos que continúen escindidos y sometidos a estos cuatro arquetipos, estarían conducidos hacia la nada, y aquellos que realicen el proceso interno de unificación, accederían a este nuevo mundo.

 

 

 

 Declaración de los Ancianos Hopi



  “Le has estado diciendo a la gente que ésta es la undécima hora.
¡Ahora debes volver y decirle a la gente que ésta es la hora!

 Y hay cosas que deben considerarse:
¿Dónde estás viviendo? ¿Qué estás haciendo?
¿Cuáles son sus relaciones? ¿Estás en la relación correcta? ¿Dónde está tu agua?
Conoce tu Jardín.
 Es hora de hablar tu verdad. Crea tu comunidad. Sé bueno contigo mismo. Y no busques fuera de ti un líder.
¡Éste podría ser un buen momento!

 Hay un río que fluye muy rápido. Es tan grande y rápido que hay quienes tendrán miedo.
 Ellos se aferrarán a la orilla. Ellos sentirán que se los está destrozando, y van a sufrir mucho.
 Sepan que el río tiene su destino. Los ancianos dicen que debemos soltarnos de la orilla, empujarnos hacia el medio del río, mantener los ojos abiertos, y la cabeza por encima del agua.
 Ver quién está allí con ustedes y celebrar.

 En este momento no debemos tomarnos nada personalmente,
mucho menos a nosotros mismos. Porque en el momento en que lo hacemos, nuestro crecimiento espiritual se detiene.

 El tiempo del lobo solitario ha terminado. ¡Reúnanse!

 Destierren la palabra lucha de su actitud y su vocabulario.

 Todo lo que hagamos ahora debe hacerse de una manera sagrada y en celebración.

 Nosotros somos aquellos a los que hemos estado esperando.”


                                    Los Ancianos, Oraibi, Arizona Nación Hopi

 

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