Poesía

Yo no sé cómo saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.

El río se lleva, mientras,
la realidad de esta tarde,
a mares sin esperanza.

Miro al oriente, al poniente,
miro al sur y miro al norte.

Toda la verdad dorada
que cercaba al alma mía,
cual con un cielo completo,
se cae, partida y falsa.

Y no sé cómo saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.

Juan Ramon Jimenez

Esta tarde y parte de la noche
volví a sumergirme en el espeso mar
donde flotamos los seres y las cosas.
Bajé por perlas que mostrar a los hombres
que temen siquiera el riesgo de la orilla.

 

Esta tarde y parte de la noche
estuve en ese silencio, en esas profundidades
donde el más infinito placer sería disolverse
y supe que en todos los caminos
hay monstruos para quien los teme.

 

Llegué nadando adonde no se ama ni se odia,
sencillamente se flota sobre un eterno presente
y todo lo que miras es tu contemporáneo:
nada más traen las olas del atrás y el adelante.

Tomé allí esta perla y ahora te la ofrezco.


Pero cuando quise volver,
no vi a ningún hombre en la orilla.
No vi orilla. Todo es el mar.
Esos que temen la orilla
no saben que caminan en el mar.

Luis Benítez

 

 

LA AURORA    

 

 Un pensamiento fue sembrado en el insondado Vacío,

una sensación nacía en las profundidades de la oscuridad,

una memoria se estremecía en el corazón del Tiempo,

como si un alma muerta hace tiempo fuera empujada a vivir:

pero el olvido que sucede a la caída

había emborronado las densas tablillas de escritura del pasado,

y todo lo que fue destruido debe ser reconstruido

y la antigua experiencia elaborada una vez más.

 

Todo puede ser hecho si está presente el toque de Dios.

 

Una esperanza que apenas se atrevía a existir se movió furtivamente

en medio de la desolada indiferencia de la Noche.

 

Como si suplicara en un mundo extraño

con tímida y atrevida gracia instintiva,

huérfana expulsada en búsqueda de hogar,

errante maravilla sin lugar donde vivir,

a un remoto ángulo del cielo llegó

la débil llamada de un lento gesto milagroso.

 

La persistente emoción de un toque transfigurador

persuadió a la negra quietud inerte,

y belleza y maravilla turbaron los campos de Dios.

 

 

 

Una mano errante de pálida luz mágica

que brilló a lo largo del desvaneciente filo del momento,

fijó con panel de oro y gozne opalescente

una puerta de sueños entreabierta en la orilla del misterio.

 

Un radiante rincón que dejaba ver cosas ocultas

forzó la visión de la ciega inmensidad del mundo.

 

La oscuridad menguó y se deslizó como un manto se desliza

del reclinado cuerpo de un dios.

 

Entonces a través de la pálida grieta que parecía al principio

apenas suficiente para un destello de soles,

desbordaron la revelación y la llama.

 

El breve signo eterno volvía a producirse en lo alto.

 

Encanto desde inalcanzables trascendencias,

iridiscente con la gloria de lo Invisible,

mensaje desde la desconocida Luz inmortal,

incandescente sobre el trémulo borde de la creación,

la Aurora forjó su aura de espléndidos colores

y enterró su semilla de grandeza en las horas.

 

La diosa brilló visitante del instante.

 


Savitri Libro I, Canto I

 

Fuente

              
El mediodía alza en vilo al mundo.
Y las piedras donde el viento borra lo que a ciegas escribe el tiempo,
las torres que al caer la tarde inclinan la frente,
la nave que hace siglos encalló en la roca, la iglesia de oro que
    tiembla al peso de una cruz de palo,
las plazas donde si un ejército acampa se siente desamparado y
    sin defensa,
el Fuerte que hinca la rodilla ante la luz que irrumpe por la loma,
los parques y el corro cuchicheante de los olmos y los álamos,
las columnas y los arcos a la medida exacta de la gloria,
la muralla que abierta al sol dormita, echada sobre sí misma, sobre
    su propia hosquedad desplomada,
el rincón visitado sólo por los misántropos que rondan las afueras:
    el pino y el sauce,
los mercados bajo el fuego graneado de los gritos,
el muro a media calle, que nadie sabe quién edificó ni con qué
    fin, el desollado, el muro en piedra viva,
todo lo atado al suelo por amor de materia enamorada, rompe
    amarras
y asciende radiante entre las manos intangibles de esta hora.

El viejo mundo de las piedras se levanta y vuela.
Es un pueblo de ballenas y delfines que retozan en pleno cielo,
    arrojándose grandes chorros de gloria;
y los cuerpos de piedras, arrastrados por el lento huracán de calor,
escurren luz y entre las nubes relucen, gozosos.
La ciudad lanza sus cadenas al río y vacía de sí misma,
de su carga de sangre, de su carga de tiempo, reposa
hecha un ascua, hecha un sol en el centro del torbellino.
El presente la mece.

Todo es presencia, todos los siglos son este Presente.
¡Ojo feliz que ya no mira porque todo es presencia y su propia
    visión fuera de sí lo mira!
¡Hunde la mano, coge el fulgor, el pez solar, la llama entre lo azul,
el canto que se mece en el fuego del día!
Y la gran ola vuelve y me derriba, echa a volar la mesa y los papeles
    y en lo alto de su cresta me suspende,
música detenida en su más, luz que no pestañea, ni cede, ni avanza.
Todo es presente, espejo sin revés: no hay sombra, no hay lado opaco,
    todo es ojo,
todo es presencia, estoy presente en todas partes y para ver mejor,
    para mejor arder, me apago
y caigo en mí y salgo de mí y subo hasta el cohete y bajo hasta el
    hachazo
porque la gran esfera, la gran bola de tiempo incandescente,
el fruto que acumula todos los jugos de la historia, la presencia,
    el presente, estalla
como un espejo roto al mediodía, como un mediodía roto contra
    el mar y la sal.

Toco la piedra y no contesta, cojo la llama y no me quema, ¿qué
    esconde esta presencia?
No hay nada atrás, las raíces están quemadas, podridos los cimientos,
basta un manotazo para echar abajo esta grandeza.
¿Y quién asume la grandeza si nadie asume el desamparo?
Penetro en mi oquedad: yo no respondo, no me doy la cara,
perdí el rostro después de haber perdido cuerpo y alma.
Y mi vida desfila ante mis ojos sin que uno solo de mis actos
    lo reconozca mío:
¿y el delirio de hacer saltar la muerte con el apenas golpe de alas
    de una imagen
y la larga noche pasada en esculpir el instantáneo cuerpo del
    relámpago
y la noche de amor puente colgante entre esta vida y la otra?

No duele la antigua herida, no arde la vieja quemadura, es una
cicatriz casi borrada
el sitio de la separación, el lugar del desarraigo, la boca por
    donde hablan en sueños la muerte y la vida
es una cicatriz invisible.
Yo no daría la vida por mi vida: es otra mi verdadera historia.

La ciudad sigue en pie.
Tiembla en la luz, hermosa.
Se posa el sol en su diestra pacífica.
Son más altos, más blancos, los chorros de las fuentes.
Todo se pone en pie para caer mejor.
Y el caído bajo el hacha de su propio delirio se levanta.
Malherido, de su frente hendida brota un último pájaro.
Es el doble de sí mismo,
el joven que cada cien años vuelve a decir unas palabras, siempre
    las mismas,
la columna transparente que un instante se obscurece y otro
    centellea,
según avanza la veloz escritura del destino.
En el centro de la plaza la rota cabeza del poeta es una fuente.



Octavio Paz
Aviñón, 1950

 

RESURRECCION


La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.

 

La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.

 

Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.


La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.

 

Roberto Bolaño

 

 

 


Del deseo al acto
Sólo había un paso que tú dabas sin esfuerzo
Los insectos eran joyas animadas
El calor reposaba al borde del estanque
La lluvia era un sauce de pelo suelto
En la palma de tu mano crecía un árbol
Aquel árbol cantaba reía y profetizaba
Su vaticinios cubrían de alas el espacio
Había milagros sencillos llamados pájaros
Todo era de todos
Todos eran todo
Sólo había una palabra inmensa y sin revés
Palabra como un sol
Un día se rompió en fragmentos diminutos
Son las palabras del lenguaje que hablamos
Fragmentos que nunca se unirán
Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado.

 

Octavio Paz

 

 Tuya es la hacienda,

la casa,

el caballo

y la pistola.

Mía es la voz antigua de la tierra.

Tú te quedas con todo

y me dejas desnudo y errante por el mundo...

mas yo te dejo mudo... ¡Mudo!

¿Y cómo vas a recoger el trigo

y a alimentar el fuego

si yo me llevo la canción?

 

Leon Felipe

 

Poemas como peces,

nadan entre palabras

remontando la corriente.

 

Teresa Delgado Duque

 

 

 

  LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

 

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

 

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

 

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

 

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

 

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

 

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

 

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

 

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

 

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

 

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

 

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 

Gabriel Celaya

 

NO-MATERIALIDAD

 

Yo-piedra necesito
escindir
romper
partir
hacerme mil
pero no puedo.
Sería más fácil cultivar la gloria que,
bajo el sol, es vana.



Yo-agua necesito verterme
fluir
inundar
pero no puedo.
Sería más fácil empaparme de deseos
y ganas sin sentido que,
bajo el sol,
son apenas vanidades.



Yo-planta podría florecer
nutrirme
multiplicarme,
pero no puedo.
Sería más fácil entregarme
al egoísmo parásito
que corroye e intoxica
Sí, sería mucho más fácil oír la voz
de un yo engañoso
que calla voces inflamadas
enmascarando la verdadera identidad
la cósmica.



Yo superior, big bang latente
de acciones de paz y de solidaridad.


Yo-no-y, ¡TÚ!


Que brote de nosotros la luz imprescindible
que manen de las cabezas y de los corazones
de hombres y mujeres, letras benditas y
que ellas confluyan en espacios de bien-decir.

Que de esa unión nazca huraño el otro ser,
que llegue deshaciendo malentendidos.
Que se manifieste un nuevo tiempo
de brotadura sobre la tierra
para acabar con el hambre de sentido,
que brote poesía, canto de paz
para una nueva era.


Renata Bomfim

 

“He experimentado el orgullo y el placer intimo de ver cobrar forma gradualmente el concepto en el horizonte,…

He puesto allí mi mano desde fuera del mundo y he creado algo y no he saboreado la sensación de ser arrastrado al mundo,…

 

No me he sentido recogido como la ropa lavada cuando llega un aguacero. Ninguna lluvia ha caído que me diera existencia dentro del mundo,…

 

Al borde del anegamiento intelectual, mi claridad se ha mostrado segura del oportuno rescate de los sentidos,…. Porque la nave ha cruzado siempre. Jamás se ha detenido,…Los vientos marinos han trocado todo en mármol veteado,… el sol ha mudado en cristal el corazón.”

 

 

Yukio Mishima

 

LOS TIEMPOS GRANDES

 

Ni siquiera sabes hasta donde sabes,
como yo, como tantos otros,
pero también te golpea el Amor
como a mí, como a tantos otros,
con la insistencia de lo urgente,
con la contundencia de lo necesario,
con la ubicuidad de lo eterno.

 

Porque ya se huele en el aire,
se oye en el silencio,
se palpa en la caricia,
porque ya se ve en la mirada,
se paladea en el beso,
se intuye en lo profundo,
¡Que son los tiempos grandes!

 

Tiempos de almas insurgentes,
y de brazos extendidos, tiempos
de palabra verdadera en boca que ríe,
pero que no silencia.

 

Tiempos de irrenunciable ser,
de esencias precipitándose
en brazos de verdades emergentes
que llegan, desde lo eterno, para quedarse.

 

Tiempos de cimentar el Amor
con la arena de nuestra sombra liberada,
la cal del corazón que se abrió, floreciendo,
y el agua que bendita surge
del generoso exprimir de la vida.

 

Son éstos los Tiempos Grandes,
de grandes humildades sin mercados,
de entregas grandes y de grande ejemplo,
de seres grandes en sacrificio y alma,
de grande Luz.

                               

 Marta Ortega

 Savitri Libro III Canto IV 

 

 

Yo vi a los pioneros ardientes del omnipotente

sobre el borde celeste que conduce a la vida

bajar las escaleras ámbar del nacimiento

 

Pioneros de una multitud divina

viniendo de los caminos de la estrella de la mañana

a la pequeña estancia de la vida mortal

 

Yo los vi cruzar el crepúsculo de una era

los hijos con ojos de sol de una aurora maravillosa,

grandes creadores con frente amplia y calma,

poderosos destructores de las barreras del mundo y luchadores con el destino en su lista de decretos,

trabajadores en las minas de los dioses

mensajeros de lo incomunicable

y arquitectos de la humanidad

 

Ellos entraban en la esfera derrotada de los hombres,

sus rostros llevaban aun la gloria del inmortal,

su voz aun comulgaba con el pensamiento de dios,

sus cuerpos embellecidos por la luz del espíritu

portadores de la mágica palabra del fuego místico,

llevando la copa dionisiaca de felicidad

 

Ojos que se aproximaban de un hombre mas divino,

labios cantando el himno desconocido del alma,

pasos resonando en los pasillos del tiempo

grandes sacerdotes de la sabiduría, dulzura, fuerza y felicidad.

descubridores de los caminos soleados de la belleza

nadadores en las torrentes risueños del amor ardiente,

coribantes en el templo de oro del éxtasis.

 

Un día sus pasos cambiaran el sufrimiento de la tierra

y justificaran la luz en la faz de la naturaleza

 

Aunque el destino se demora aun en el alto mas allá

y aunque parece vano el trabajo

en el que la fuerza de vuestro corazón se desgastó

todo eso por lo que nuestro dolor nació será hecho

 

Así como el hombre primitivo vino después del animal

este alto sucesor divino ciertamente vendrá,

tras los pasos ineficaces del hombre mortal

después de su vana labor, sudor sangre y lágrimas;

el conocerá lo que la mente mortal apenas se atreve a pensar,

y habrá de realizar lo que el corazón de los mortales no pudo osar

 

Heredero de la labor del tiempo humano,

el asumirá el fardo de los dioses;

toda la luz del cielo visitara los pensamientos de la tierra,

la grandeza de los cielos visitara los corazones terrestres,

los actos de la tierra alcanzaran alturas sobrehumanas,

los ojos de la tierra se ampliaran al infinito

 

Sri Aurobindo

 

 

    BATALLAS HUBO

                 

                    I

Casi al amanecer, el mar morado,
llanto de las adormideras, roca viva,
pasto a las luces del alba,
triste sábana que recoge entre asombros
la mugre del mundo.
Casi al amanecer, en playas de pizarra
y agudos caracoles y cortantes corolas,
batallas hubo, grandes guerras mudas
dejaron sus huellas.
Se trataba, por fin,
del amor y sus hirientes hojas,
nada nuevo.
Batallas hubo a orillas del mar
que rebota ciego y desordenado,
como un reptil preso en los cristales del alba.
Cenizas del amor en los altares del mundo,
nada nuevo.

               

 

 

                   II

De nada vale esforzarse en tan viejas hazañas,
ni alzar el gozo hasta las más altas cimas de la ola,
ni vigilar los signos que anuncian la muda invasión
nocturna y sideral que reina sobre las extensiones.
De nada vale.
Todo torna a su sitio usado y pobre
y un silencio juicioso se extiende, polvoso y denso,
sobre cada cosa, sobre cada impulso
que viene a morir contra la cerrada coraza de los días.
Las tempestades vencidas, los agitados viajes,
sólo al olvido acuden, en su hastiado dominio
se precipitan y preparan nuevas incursiones
contra la vieja piel del hombre
que espera su fin
como pastor de piedra ingenua y aguas ciegas.

                   

 

 

                   III

Y hay también el tiempo que rueda interminable,
persistente, usando y cambiando,
como piedra que cae o carreta que se desboca.
El tiempo, muchacha, que te esconde en su pecho
con tus manos segura y tu melena de legionaria
y algo de tu piel que permanece;
el tiempo, en fin, con sus armas ocultas.
Nada nuevo.

 

 

 

Alvaro Mutis

 

 

 

 

Invitación:

 

No me interesa lo que hagas para vivir.

Quiero saber lo que ansias, y si osas soñar con lo que desea tu corazón.

No me importa la edad que tengas.

Quiero saber si te arriesgas buscando como un loco el amor, los sueños, la aventura de estar vivo.

No me interesa saber qué planetas cuadran tu luna.

Quiero saber si has tocado el corazón de tu propio dolor, si te han abierto las traiciones de la vida o si te has contraído y cerrado de miedo a más dolor.

Quiero saber si te puedes sentar con el dolor, el mío o el tuyo sin moverte para esconderlo o apagarlo o conciliarlo.

Quiero saber si puedes estar con alegría, mía o tuya; si puedes bailar con desenfreno y dejar que el éxtasis te llegue a la yema de los dedos sin precaverte a ser cuidadoso, realista o a recordar las limitaciones del ser humano.

No me importa si lo que me cuentas es verdad.

Quiero saber si puedes desilusionar a alguien siendo fiel a ti mismo; si puedes soportar la acusación de traición sin traicionar tu propia alma.

Quiero saber si puedes ser fiel y, por tanto, digno de confianza.

Quiero saber si puedes ver la belleza aunque no sea bonita cada día, y si puedes ver el origen de tu vida a partir de la presencia de Dios.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y ponerte a orillas de un lago y gritarle a la luna plateada: «¡Sí!»

No me importa dónde vivas o cuánto dinero tengas.

Quiero saber si después de la noche del dolor y la desesperación, abatido y magullado hasta el tuétano, puedes levantarte y ocuparte de las necesidades de los niños.

No me interesa quién eres, ni cómo llegaste aquí.

Quiero saber si te quedarás conmigo en medio del fuego y no escaparás.

No me interesa qué o dónde o con quién has estudiado.

Quiero saber qué te sostiene por dentro cuando se derrumba todo lo demás.

Yo quiero saber si puedes estar solo contigo mismo; y si realmente te gusta la compañía que tienes en los momentos vacíos.

                                                                                 

                                                                                     Gibran Jalil Gibran

 

La invitación, inspirado por Oriah el Soñador de la Montaña, anciano nativo americano, mayo de 1994.

 

 

 

LA LEYENDA DEL TIEMPO

 

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas 
en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

Federico García Lorca

 

 

Y PODRÁS CONOCERTE RECORDANDO

 

 

Y podrás conocerte recordando

del pasado soñar los turbios lienzos,

en este día triste en que caminas

con los ojos abiertos.

 

De toda la memoria, sólo vale

el don preclaro de evocar los sueños.

 

 

 DICE LA ESPERANZA

 

Dice la esperanza: un día

la verás, si bien esperas.

Dice la desesperanza:

sólo tu amargura es ella.

Late, corazón... No todo

se lo ha tragado la tierra.

 

Antonio Machado

SÉ TODOS LOS CUENTOS

 

 

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

 

León Felipe

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